Leonardo se quedó callado un largo momento.
Después miró por la ventana.
La ciudad brillaba debajo de nosotros, como si cada luz perteneciera a una vida más simple.
—Porque pensé que la única persona con quien quise tener una familia me había borrado.
Su voz no tembló.
Pero sonó hueca.
—Creí que Sofía había abortado a nuestro hijo y se había ido. Creí que mi sangre terminaba conmigo porque yo no quería compartirla con nadie más.
Adrian susurró:
—Éramos tres.
Leonardo cerró los ojos.
—Sí.
—No uno. Tres.
—Lo sé.
—No lo sabe —dijo Adrian—. Todavía no.
Y ahí estaba la verdad.
Leonardo no sabía que Ethan odiaba la leche caliente porque en la incubadora lo alimentaban con sondas.
No sabía que Caleb memorizaba números cuando estaba nervioso.
No sabía que Adrian se despertaba de niño preguntando si alguien podía irse para siempre aunque amara a otra persona.