No sabía que yo aprendí a cortar el pelo de tres niños viendo videos de internet.
No sabía que hubo inviernos en que calentaba una sola habitación para ahorrar.
No sabía que cada cumpleaños pedían el mismo deseo y nunca me lo decían.
Pero yo lo sabía.
Yo había estado.
Esa era mi fortuna.
Y mi cicatriz.
La reunión terminó casi al amanecer.
No firmamos nada.
No decidimos nada definitivo.
Solo acordamos una segunda conversación, con abogados, en una oficina neutral.
Cuando salimos del edificio, cientos de periodistas llenaban la entrada.
Las luces de las cámaras nos cegaron.
—¡Señora Bennett! ¿Son hijos de Leonardo Lancaster?
—¡Señor Lancaster! ¿Reconoce a los adolescentes?
—¿La donación queda cancelada?
—¿Hubo fraude familiar?
Ethan apretó los puños.
Caleb bajó la cabeza.
Adrian se pegó a mi costado.
Leonardo dio un paso al frente.