Papá… me duele tanto la espalda que no puedo dormir. Mamá me dijo que no te lo contara». Acababa de regresar de un viaje de negocios cuando mi hija de ocho años me reveló en voz baja el secreto que su madre nunca quiso que yo escuchara.

Había transferencias que yo no reconocía.

Ochenta mil.

Sesenta mil.

Cuarenta y cinco mil.

Treinta mil.

Todas durante los últimos cinco meses.

Todas a la misma cuenta.

El beneficiario aparecía con dos palabras que conocía demasiado bien:

SERGIO MENDOZA.

El total superaba los cuatrocientos mil pesos.

Pero lo que terminó de helarme fue la fecha de la transferencia más grande.

Se había realizado cuarenta minutos después de que Sergio empujara a Sofía en las escaleras.

PARTE 3

A las siete de la mañana ya no tenía ninguna duda de que los golpes, las mentiras y el dinero estaban conectados.

Lo que aún no sabía era cómo.

No desperté a Sofía para preguntarle nada más. Llamé a mi madre para que se quedara con ella cuando le dieran de alta y después me reuní con Claudia, mi abogada.

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