Había transferencias que yo no reconocía.
Ochenta mil.
Sesenta mil.
Cuarenta y cinco mil.
Treinta mil.
Todas durante los últimos cinco meses.
Todas a la misma cuenta.
El beneficiario aparecía con dos palabras que conocía demasiado bien:
SERGIO MENDOZA.
El total superaba los cuatrocientos mil pesos.
Pero lo que terminó de helarme fue la fecha de la transferencia más grande.
Se había realizado cuarenta minutos después de que Sergio empujara a Sofía en las escaleras.
PARTE 3
A las siete de la mañana ya no tenía ninguna duda de que los golpes, las mentiras y el dinero estaban conectados.
Lo que aún no sabía era cómo.
No desperté a Sofía para preguntarle nada más. Llamé a mi madre para que se quedara con ella cuando le dieran de alta y después me reuní con Claudia, mi abogada.