Papá… me duele tanto la espalda que no puedo dormir. Mamá me dijo que no te lo contara». Acababa de regresar de un viaje de negocios cuando mi hija de ocho años me reveló en voz baja el secreto que su madre nunca quiso que yo escuchara.

Extendí sobre su escritorio el informe médico, las capturas de WhatsApp y los estados de cuenta.

—Cuatrocientos dieciocho mil pesos —dije—. Mariana jamás me habló de esto.

Claudia revisó cada movimiento.

—La cuenta es de ambos. Si ella autorizó las transferencias, el problema bancario no es tan sencillo como decir que hubo robo.

—No me importa recuperar el dinero primero. Quiero saber por qué mi hija terminó lastimada dos veces.

—Entonces no mezcles los temas. Uno sirve para entender el motivo. El otro es la seguridad de Sofía.

Ese mismo día pedimos ante el juzgado familiar medidas provisionales. Con el informe hospitalario y la intervención de la Procuraduría de Protección, se acordó que Sofía permaneciera conmigo mientras se hacía la valoración correspondiente. Las convivencias con Mariana serían supervisadas de manera temporal.

Sergio no podía acercarse a mi hija.

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