No era una sentencia definitiva.
Era protección mientras se investigaba.
Después fui a casa acompañado por mi madre. Cambié las cerraduras y entré por primera vez a mi despacho desde que regresé del viaje.
Todo parecía normal.
Hasta que abrí el cajón donde guardaba documentos personales.
Faltaba una carpeta.
No la azul que Sofía había mencionado. Otra.
Contenía copias de estados de cuenta, contratos de mi empresa y las claves de recuperación de un correo administrativo antiguo.
Encendí la computadora.
El historial mostraba accesos durante fechas en que yo estaba fuera. En la bandeja de enviados del correo encontré tres mensajes dirigidos a una dirección de Sergio.
No necesitaba hackear nada. Era mi propia cuenta.
Los correos contenían cotizaciones internas de mi empresa.
Uno incluía una plantilla de autorización de pagos.
Eso me explicó por qué Sergio había estado dentro del despacho.