—Eso ya lo sé.
—Entonces no entiendes.
—Explícame.
Abrió la boca, pero miró primero a Sofía.
Ese gesto me confirmó que ocultaba algo.
—Fue un accidente.
—¿Por qué le dijiste que no me contara?
No respondió.
Me llevé a Sofía.
En urgencias, una doctora la examinó y solicitó radiografías. Mientras esperábamos, Sofía no soltó mi mano.
La doctora regresó cuarenta minutos después.
—Señor Salgado, el golpe reciente parece una contusión fuerte. Por fortuna no vemos lesión vertebral aguda.
Casi pude respirar.
Pero ella no había terminado.
—Hay otra cosa.
Giró el monitor.
—Aquí se observa una fractura antigua en una costilla posterior. Ya está consolidando.
La miré sin entender.
—¿Antigua de cuánto tiempo?
—Probablemente entre cuatro y seis semanas.
Entonces recordé una noche de principios de agosto.
Sofía había amanecido adolorida después de, según Mariana, resbalar en las escaleras.