—Me dijiste que después te irías conmigo.
—Primero hay que conseguir el dinero.
Claudia bajó la voz.
—¿Qué hiciste con la copia de su identificación y la firma que te conseguí?
—Fernanda preparó una garantía. El crédito ya fue entregado.
—Mariana nunca firmó eso.
—Cuando venda el departamento, pagaremos y nadie preguntará.
Mariana activó la grabadora de su teléfono. Entonces escuchó lo peor: Andrés ya había obtenido dos millones y medio de pesos usando una firma falsa, y llevaba dos meses sin pagar. La venta no era el inicio del fraude, sino la forma de ocultarlo.
Una tabla crujió bajo sus pies.
—Hay alguien ahí —dijo Andrés.
La perilla de la bodega empezó a moverse. Mariana empujó unas cajas contra la puerta, abrió una salida trasera oxidada y escapó por el jardín. Se rasgó el saco, se cortó una mano con la malla y corrió descalza hasta su automóvil.