—No tienes ningún derecho sobre esta propiedad —respondió ella—. No está a tu nombre, no vives aquí y jamás autoricé que abrieras la puerta.
El cerrajero explicó que Andrés se presentó como copropietario. Los inquilinos declararon que él intentó obligarlos a salir.
Mariana mostró las escrituras y presentó otra denuncia por daños y tentativa de ingreso sin autorización. Andrés no fue detenido en ese momento, pero los policías le advirtieron que no podía volver.
Antes de irse, se acercó a Mariana.
—Cuando la financiera te quite todo, vendrás a suplicarme.
Ella sostuvo su mirada.
—La única persona que va a suplicar será la que tenga que explicar por qué falsificó mi firma.
Por primera vez, Andrés perdió el color del rostro.
Mariana se instaló con Emiliano y doña Teresa. Acompañada por Javier y un guardia, recogió ropa y documentos. Andrés se había llevado efectivo guardado para un campamento escolar y había roto el dibujo de la casa que le había prometido al niño.