Regresé por sorpresa en Nochevieja: Irene, recién operada, tenía la nevera casi vacía mientras mi madre gastaba el dinero para cuidarla en un hotel de lujo. En las cámaras la oí decir: «Entonces tendrás que explicarle a mi hijo por qué falta dinero de la empresa de su padre». Llamé al 112 y bloqueé su tarjeta. Después descubrí una factura con la firma falsificada de Irene.

Carmen se levantó al verlo.

—Hijo, menos mal que has venido. Podemos explicarlo.

Andrés no la abrazó.

—¿Sabías que Irene tenía una complicación en la herida?

Su madre apartó la mirada.

—Ella siempre ha sido muy delicada.

—Te he preguntado si lo sabías.

—Decía que le dolía, pero pensé que exageraba.

Andrés sacó una fotografía del frigorífico vacío.

—¿Y también exageraba cuando decía que no tenía comida?

Carmen apretó los labios.

—Le dejamos algunas cosas.

—Le dejasteis arroz y sopa instantánea después de una operación. Y os llevasteis productos destinados a Nico.

Beatriz intervino.

—Pensamos que no iba a necesitarlos todos.

Andrés la miró con incredulidad.

—Es un recién nacido, Beatriz.

Su hermana bajó la cabeza.

Raúl intentó cambiar de conversación.

—Todo esto se está exagerando. Los problemas económicos podemos solucionarlos entre nosotros.

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