Regresé por sorpresa en Nochevieja: Irene, recién operada, tenía la nevera casi vacía mientras mi madre gastaba el dinero para cuidarla en un hotel de lujo. En las cámaras la oí decir: «Entonces tendrás que explicarle a mi hijo por qué falta dinero de la empresa de su padre». Llamé al 112 y bloqueé su tarjeta. Después descubrí una factura con la firma falsificada de Irene.

Andrés colocó sobre la mesa las transferencias.

—Entonces explícame por qué tu empresa recibió 43.700 € del taller de papá.

Raúl palideció.

—Carmen me estaba ayudando.

—¿Con dinero de quién?

Nadie respondió.

Finalmente, Raúl reconoció que había perdido varios clientes y acumulaba deudas importantes. Carmen le había ofrecido recursos de la antigua empresa familiar para evitar el cierre.

Al principio, según explicó, pensaban devolverlos.

Después comenzaron a utilizar facturas por servicios que nunca se habían prestado.

—¿Y mi hermana? —preguntó Andrés.

Beatriz comenzó a llorar.

—Mamá me dijo que tú estabas enterado.

—¿También te dijo que falsificaras documentos de Irene?

El silencio fue suficiente para despertar nuevas sospechas.

—Beatriz, contéstame.

Ella se cubrió el rostro.

—Yo preparé los justificantes. Utilicé una copia de la firma que Irene había mandado para los trámites médicos.

Carmen intervino inmediatamente.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *