Regresé por sorpresa en Nochevieja: Irene, recién operada, tenía la nevera casi vacía mientras mi madre gastaba el dinero para cuidarla en un hotel de lujo. En las cámaras la oí decir: «Entonces tendrás que explicarle a mi hijo por qué falta dinero de la empresa de su padre». Llamé al 112 y bloqueé su tarjeta. Después descubrí una factura con la firma falsificada de Irene.

Carmen tenía autorización limitada para gestionar determinadas operaciones administrativas.

Andrés nunca había pensado que necesitara retirársela.

Cuando Irene despertó, le enseñó el vídeo.

—¿Qué querían que firmaras?

Ella respiró con dificultad.

—Unos recibos donde ponía que había recibido cuidados profesionales, medicamentos y comidas especiales. También había facturas del antiguo taller.

Irene había trabajado como administrativa contable antes de su embarazo.

Reconoció inmediatamente que algunas facturas presentaban irregularidades.

—Eran de una empresa llamada Transportes Beltrán Norte.

Andrés se quedó helado.

Aquella sociedad pertenecía a Raúl, su cuñado.

Había perdido varios contratos y llevaba meses atravesando dificultades económicas.

—¿Qué relación tiene Raúl con el taller de papá?

—Eso pregunté. Carmen respondió que yo no entendía los asuntos familiares y que debía limitarme a firmar.

Irene le mostró varios mensajes.

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