Regresé por sorpresa en Nochevieja: Irene, recién operada, tenía la nevera casi vacía mientras mi madre gastaba el dinero para cuidarla en un hotel de lujo. En las cámaras la oí decir: «Entonces tendrás que explicarle a mi hijo por qué falta dinero de la empresa de su padre». Llamé al 112 y bloqueé su tarjeta. Después descubrí una factura con la firma falsificada de Irene.

El documento llevaba su firma.

Cuando se lo enseñó, ella comenzó a temblar.

—Esa firma está copiada del consentimiento que entregué al hospital.

En aquel momento, el teléfono de Andrés vibró.

Una alerta bancaria informaba de una nueva solicitud de transferencia por 18.900 €.

El destinatario era nuevamente la empresa de Raúl.

La operación se había iniciado utilizando las credenciales de Carmen.

Y faltaban apenas unos pasos de validación para ejecutarla.

PARTE 3

Andrés llamó inmediatamente al servicio de seguridad bancaria.

Explicó que necesitaba suspender una operación que no había autorizado y retirar los permisos administrativos de Carmen.

La empleada verificó sus datos.

—La transferencia todavía está pendiente. Podemos bloquear preventivamente las operaciones electrónicas mientras comprobamos la documentación.

—Háganlo, por favor.

Cuando recibió la confirmación, Andrés respiró profundamente.

Había conseguido detener aquella salida de dinero.

Pero todavía quedaban 43.700 € por explicar.

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