—No hace falta gastar tanto.
Álvaro sintió un escalofrío.
—¿Y papá? Quiero verlo mañana.
El rostro de Carmen cambió.
Antes de que pudiera responder, Ricardo apareció con 2 copas de cava.
—Nuestro padre sigue delicado. Los médicos recomiendan tranquilidad. Ya organizaremos una visita.
Álvaro miró a su hermano.
—¿En qué residencia está exactamente?
Ricardo tardó demasiado en contestar.
—En la misma de siempre. Tengo la dirección en el despacho.
Después levantó su copa y comenzó a hablar con los invitados sobre el éxito empresarial de Álvaro.
Mientras todos brindaban, Carmen desapareció por la puerta de servicio.
Álvaro la vio salir con el bolso apretado contra el pecho.
Algo le dijo que no debía perderla de vista.
La siguió en coche, manteniendo suficiente distancia para que ella no lo reconociera.
Carmen caminó hasta una parada de autobús. Después de un trayecto por barrios cada vez más modestos, bajó cerca de unas antiguas naves industriales.