Clara no celebró ninguna caída.
Había perdido demasiado como para sentir aquello como una victoria.
Irene tuvo que explicar su participación en los documentos relacionados con Hugo y en determinadas operaciones patrimoniales.
La situación del niño quedó en manos de profesionales y de los procedimientos correspondientes.
Clara pidió una sola cosa.
—No quiero que nadie convierta a Hugo en castigo contra Álvaro o Irene.
Marta asintió.
—Eso no depende únicamente de nosotros, pero dejaremos clara tu posición.
Antes de abandonar la casa, Hugo buscó a Clara.
—Perdón por empujarte.
Ella se agachó.
—No vuelvas a empujar a nadie por una escalera.
—No lo haré.
—Y no insultes a alguien porque tenga una discapacidad.
Hugo bajó los ojos.
—Papá decía que estabas mal de la cabeza.
Clara sintió rabia, pero no permitió que llegara al niño.
—Los adultos también pueden decir cosas falsas.