Hugo levantó la mirada.
—¿Me odias?
—No.
—Pero no soy tu hijo.
Clara tragó saliva.
—No eres mi hijo biológico. Eso no significa que 6 años desaparezcan.
El pequeño empezó a llorar.
—Yo nunca te abracé.
Clara no respondió.
Hugo se acercó lentamente y rodeó su cintura.
Fue el primer abrazo que le daba voluntariamente.
Clara cerró los ojos.
Había esperado aquello durante años.
Y precisamente cuando ocurrió, ya sabía que no era su madre.
2 meses después regresó con Eduardo al piso familiar de Chamberí.
Reconoció el portal antes de recordar por qué.
Luego vio el patio interior, una vieja mesa de hierro y un limonero que su madre había plantado décadas atrás.
Clara tocó el tronco.
Entonces lloró.
No lloró por Álvaro.
Ni por su dinero.
Ni siquiera por los años perdidos.
Lloró por el bebé al que nunca había podido despedir.