Luego se quedó pensando.
«No. Tómala ahora.»
Mi esposo sacó el teléfono.
No había moto.
No estaba su exnovia sosteniéndolo.
No había nada que demostrarle a nadie.
Solo estaba él haciendo algo difícil.
Meses después todavía no sabíamos exactamente cómo sería su recuperación completa.
Los médicos habían sido claros desde el principio: probablemente volvería a caminar, pero nadie podía ofrecernos una fecha exacta.
Y la moto seguía siendo una parte de su vida que no regresaría.
Ella continuó bailando.
La vimos algunas veces después, pero ya no como antes.
A veces nos saludaba.
Una vez pasó a dejar un libro que todavía tenía de él.
Otra vez coincidimos con su familia.
La relación entre ellos no volvió a ser lo que había sido desde la prepa.
Tal vez nunca lo sería.