Un mes después, mi celular empezó a sonar. Era mi mamá. Luego mi papá. Luego Marco. Mensajes larguísimos.
— ¿Dónde estás? La de la agencia dice que nunca llegaste. ¿Te crees muy lista?
— Daniela, regrésate, tu papá está muy enojado.
— Hija, nos vas a dejar con la deuda del depa. ¿Así nos pagas todo lo que hicimos por ti?
No contesté. Cambié de número. Solo le dejé mi nuevo contacto a una tía que siempre me quiso.
Por ella supe que la caminadora nunca llegó. Que tuvieron que vender la silla gamer de Marco de 18 mil pesos para pagar la mensualidad del departamento. Que Valentina tuvo que dejar sus clases de ballet del Tec porque ya no les alcanzó. Que mi mamá fue a la agencia de Dubai a reclamar y la agencia le dijo que lo que hizo era falsificación y que la iban a reportar.