Mi papá me mandó un último audio por el Facebook de mi tía. Se escuchaba cansado.
— Hija… perdónanos. No sabíamos que te dolía tanto. Pensamos que como eras la fuerte, podías con todo. Regresa cuando quieras… tu cuarto… vamos a hacerte tu cuarto en la oficina, te lo juro.
No regresé. Le mandé un mensaje corto a mi tía para que se los leyera:
“No estoy enojada. Ya no. Pero no voy a regresar a un lugar donde tengo que rogar por un espacio. Si algún día quieren visitarme, aquí hay una cama extra en mi departamento de estudiante. Pero tendrán que tocar la puerta. Y esperar a que yo les abra. Porque por primera vez, yo decido quién entra a mi cuarto.”
Hoy ya llevo seis meses en Melbourne. Trabajo medio tiempo en una cafetería, estudio mucho, tengo amigas de Colombia, de Chile, de México. A veces nos juntamos a hacer pozole y nos reímos.